La mujer
30/11
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Tal y como comenté hace una semana hoy fui con Fare a la firma de discos de Marlango. Finalmente compré el disco que han sacado; realmente 13€ por un disco tan maravilloso como ese y un dvd con algunos videoclips (y los respectivos making of), y un par de conciertos… Aunque me pese el sello de los ladrones de la SGAE… El primer disco que compro desde hace más de 3 años.

Tenía muchas ganas de ver a Leonor en persona, desde que la ví por primera vez sentí algo especial, creo que tiene el don de transmitir confianza y una alegria muy pequeñita pero potente, algo así como ese chorrito de miel tan finito y tan constante que termina por dejar una capa en la tostada. Y hoy, cuando la tuve ahí enfrente y la conseguí sacar una sonrisa cuando le dije que, además de poner el nombre de mi novia pusiera el mío, no fuera a ser que no supiera de quién era el regalo… Anda que en los peores momentos se me ocurren las tonterías más tontas… Pero bueno, es lo que tiene. Finalmente en el disco aparecen tres nombres: el suyo, el de mi novia y el mío… ¡Qué ilu vecina!

Tal y como la veo (visión cuanto menos distorsionada de la realidad) es una de esas personas con las que puedes crear un ambiente en una cafetería tan especial que surjan esas conversaciones que te hacen sentir que has rascado un poco más en el conocimiento de la vida. Mira que soy poco groupie (o grupi), poco fan y poco obsesivo con estas cosas…, pero me ha hecho mucha ilusión tenerla a 50 cm, ver esos ojos, ese estilo de vestir que auna un flujo de principios de siglo XX con un estilo ochentero elegante.

¿Qué debería tener una mujer? Pues lo mismo que un hombre, excepto tono diferente, una mirada especial, un hilo invisible hacia la sensatez que el pensar las cosas da… La mujer y el hombre se complementan como partes de la misma cosa.

Leonor, si realmente eres como yo te veo, no cambies; las personas así deben dar al mundo esa sonrisa sensata de la que esta locura de mundo cada día carece un poco más.

¿Me hago mayor?
29/11
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El tiempo pasa, vaya que si pasa… Y te empiezas a dar cuenta por pequeños detalles que te recuerdan que es así, que por mucho que empuejs en contra, o que intentes correr por delante suyo, al final te acaba alcanzando. ¿Cuándo fue la primera vez que un niño te llamó “señor” o “señora”? ¿Recuerdas cuando, por primera vez, alguien te ofreció que contrataras un seguro, cuenta bancaria, .. en un centro comercial? Pues sí, son de esas cosas que te recuerdan que poco a poco, aunque tu no quieras, te haces mayor al menos por fuera.

Nos debatimos continuamente entre un Peter Pan que intenta mantenernos junto a las actividades y los pensamientos más juveniles y un señor de cara difuminada, traje negro y corbata gris que nos recuerda lo que la sociedad espera de nosotros, … Odio esa expresión, “lo que se espera que hagas”, una recomendación obligatoria… Recuerdo la película Chocolat; en el principio de la película hay una descripción del pueblo donde transcurre la acción y decía algo así: “Everyone knew what was supposed to do, and if not, there was always someone to remember it to him”, algo así como “Todo el mundo sabía lo que se suponía que debía hacer, y si no siempre había alguien que se lo recordara”.

Pues eso, la sociedad espera algo de tí. No es malo complacerla, pero no dejes de hacer feliz a tu lado más desbocado. Al menos es lo que yo intento y creo que, emocionalmente al menos, no me va mal.

Creo que al menos una de cada 10 decisiones que uno toma debe ir un poco en contra de lo que se supone bien hecho, … Como un buen jugador de mus ;)

Fin de semana en la sierra
28/11
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Bueno, un fin de semana movidito. Al igual que el el año pasado me fui con los delegados y los representantes de alumnos de mi escuela a las Jornadas Biberón en San Rafael. Es un fin de semana en el que se trabaja un huevo para mostrar a la gente nueva qué formas hay de moverse “políticamente” en la universidad, qué problemas hay actualmente (debatiendo sus soluciones), proyectos, etc… Amén de disfrutar la agradable noche San Rafaeliana y su vida nocturna, que sería casi nula si no estuvieramos nosotros.

Pues eso, gente muy simpática, agradable y que sabe transmitir muy bien. Me gusta ver que poco a poco las responsabilidades sobre la representación de estudiantes se van transmitiendo de veteranos a novatos.

Salimos el viernes de la escuela por la tarde en tren (otros fueron en coche) y tuvimos un contratiempo: el revisor nos indicó mal el momento de bajarnos del tren: tras preguntarles si San Rafael era la siguiente parada nos dice “sí, aunque el letrero indique que la siguiente parada es Tablada, este tren no para en esa”. Bien, nos bajamos (estando él a 5-6 metros de nosotros) y nada más bajar vemos que no es San Rafael sino Tablada… Menudo cabrón. Pero si algo he aprendido en mi, aun, corta vida, es que hay que poner al mal tiempo buena cara. Y más en estas ocasiones en que, de noche en medio de la nada, tienes que buscarte la vida por medio de aventurillas. Finalmente andamos hasta un restaurante de carretera, la señora Teresa (la dueña del lugar, que se llamaba Casa Tere) nos dio teléfonos de gente que ella conocía que tenía taxi en Guadarrama (la población más cercana al sitio) y, tras una hora de llamadas y esperas, llegamos al albergue correcto (buf).

Las aventuras de este tipo suelen enriquecer por dos motivos: aprendes a desenvolverte y tienes algo que contar ;) Es muy cansado estar todo el día hablando, escuchando y debatiendo temas interesantes y salir por la noche hasta muy tarde ya que todo esto implica que en un fin de semana no duermes más de 6-8 horas.

Por eso y más cosas nada más llegar a mi casa a las cuatro de la tarde me he metido en la cama… Que sueño, a ver si ahora trabajo un poquito que tengo una semana movidita. Quizás luego escriba más. Chau!

Mendigos
25/11
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Además de pensarlo el otro día oí algo parecido en la televisión; los mendigos son el inmobiliario urbano invisible. Poca gente se para a pensar que están allí, la mayoría pasamos de largo apartando de nuestra mirada su cuerpo, sus manos, sus ojos. ¿Por qué hay gente que no tiene más remedio que llevar esa vida? ¿No debería el Estado asegurar un mínimo bienestar para todos los seres humanos que habitan en su territorio? Quiero creer que dentro de unas décadas el número de gente que sufre, que lo pasa realmente mal, disminuya drásticamente. La palabra es un arma llena de futuro, retocando a Gabriel Celaya… Siempre he pensado que el hablar sobre algo, es el primer paso para solucionarlo.

El otro día, en la boca de metro de mi barrio, había un hombre pidiendo: cabello largo desordenado plateado, ropa barata usada y sucia. Cuando cerca suyo alargó un poco su mano, le miré y mientras hice un gesto de que no tenía dinero, le sonreí. Pues bien, de sus ojos emergió luz y una sonrisa creció en su boca… A veces una sonrisa es mejor que un par de monedas de caridad… Quizás el sentir que no eres invisible para todo el mundo, o que se te sigue considerando una persona.

A veces se nos olvida que detrás de cada par de ojos hay amor, lamentos y anhelos. Sean de un mendigo, un ejecutivo, un iraquí, o de aquel que está al otro lado del espejo.

Radio y Agobio
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Acabo de llegar de la radio. Sí, hoy también fui a No Somos Nadie. Me ha hecho mucha gracia madrugar en vez de ir de empalmada, así he visto cómo son las cosas a la hora que estoy por ahi de fiesta… Pero sin sueño ni alcohol en sangre.

Una de las cosas que más me ha gustado, como la otra vez, ha sido ver a Iñaki Gabilondo que hoy incluso me ha saludado con la mano (rollo histérico llevo encima…). Nos hemos propuesto ir a No Somos Nadie una o dos veces al mes. Son una gente muy simpática y, al menos yo, me siento muy bien allí.

Pues bien, hace unos minutos, al entrar en el aula de informática de la uni, se me ha venido el mundo abajo. Vuelta a la realidad señores, la radio, el ocio y la fama es sólo para los demás. Supongo que es como pasar de ser muy rico a ser muy pobre.

Ahora toca seguir programando en los ratitos libres que tenga, seguir haciendo memorias en un Word que se cuelga cada dos por tres… Vale que pueda sonar muy quejicoso, pero estoy un poco harto de tener las 24 horas en la cabeza las cosas de la universidad: que si tal clase no está bien diseñada, que si tal protocolo funciona de una u otra forma, que si la lluvia afecta a un radioenlace… A punto de explotar a veces… Y todo para llegar a casa a la hora de cenar, hacerlo, y coger el portátil para trabajar hasta las 2 de la mañana…

No me gusta quejarme de este tipo de cosas porque sé que hay muchísima gente que está peor. Pero a veces uno necesita expresar sus penas, incluso sentirse mal viene bien de vez en cuando. Y éste es uno de esos momentos.

Voy a seguir rememorando (esto es, hacer memorias) y a ver si la fiabilidad de este ordenador supera la media hora sin colgarse y puedo terminar la memoria sobre administración de discos bajo FreeBSD.

Un beso a quien lea esto. Esta noche espero escribir algo más alegre.

 

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