Es lo que tengo, que no creo en Dios
22/09
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No es muy tarde, miércoles-jueves, 2 de la mañana, llegas a casa con una cantidad parentalmente criticable (de esas que tus padres te dicen que “tas pasao”) de alcohol, y con ganas de decir lo que llevas callándote meses y meses… Pero no hay nadie que escuche, las paredes de tu habitación, tan llenas de los posters que veneras, te niegan una respuesta; y si acaso serán los vecinos los que repelan tu ansia de gritar con un “que son las dos”. Frustrante cuanto menos.

Qué triste encontrar tu messenger lleno de gente pero vacío de alguien a quien querer decir, en tu instante de embriagadez, todo lo que sientes… No es que no quiera decirlo, es que ni borracho me siento a gusto diciéndoselo a los que están ahora (muchos de ellos con estúpidos alias). Lástima que no estuvieras ahí en este preciso momento, ¿verdad? Me alegra seguir siendo un misterio, si es que alguna vez comencé a serlo.

Mil novecientos ochenta y tantos, nací yo y crecieron aquellos con cresta que ahora tienen hijos que estudian en colegios privados y viven en chalets a las afueras de la ciudad que les dió de mamar… ¿Qué me espera a mí? Espero que lo que sea mejor de lo que esperaron mis padres para mí (o lo más mejor, como dirían algunos gafapasta).

Tendré que conformarme con ponerle las tildes a las eŕŕes y gritárle mis sueños codificados a este blog y sin codificar a las paredes mudas del barrio que me rodea desde que nací. Ojalá tuviera un dios para abrirle mi corazón.

Y hoy voy a probar a dormirme antes de las 2.30 escuchando el último disco de Marlango, a ver si no tengo pesadillas, que sólo por eso valdría la pena tirar a la basura algunas horas de mi vida.

Pensamientos bajo la sábana
21/09
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No es casualidad que, en “Bienvenida al otoño”, haya dibujado esa estación como descendente. Siempre intento imaginarme la estación actual como una subida (lo que viene será mejor) o como un valle (ahora vamos hacia arriba), pero no sé que me sucede que me encuentro vacío, como con miedo a que cada día sea más oscuro y ninguno muestre la luz de ayer.

En esta época de días cada vez más cortos hay que tener fuerza para que ese descenso en la luminosidad no se vea reflejado en los ánimos de uno mismo… Y no sé, ahora lo veo complicado. Quizás es el no saber qué va a ser de mi este año, o qué es lo que quiero y cómo quiero conseguirlo.

Me siento extraño en mi rutina, como si ya no me perteneciera. Como si debiera buscar otra que es realmente la mía pero nadie me dice dónde está ni por dónde empezar a buscarla. Tengo miedo a que la cueva se haga cada día un poco más profunda y sea más difícil salir de ella, aun pudiendo ver la luz que representa eso que busco cada día en la vigilia y cada noche en los sueños.

¡Yo qué sé! ¡Que sea Dios quien se corte las venas!

Ciento veintiocho lágrimas
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Sesenta y nueve palmadas en mi espalda
y una cicatriz marchita que la recorre,
de la que salen cucarachas de cobre
para huir por debajo de la almohada.

Setenta y ocho valles recorridos
y monte tras monte las mismas nubes,
monotonía de lluvia tras cada cima,
que nada nuevo descubre

Sesenta y cinco segundos de espera
para un beso en tus pétalos de rosa:
miedo y angustia, otra vez a la cola.

Ochenta y seis pesadillas seguidas
pegándose por entrar en mis sueños
y mi nuca, de espasmos, malherida.

Bienvenida al otoño
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A veces la velocidad a la que se suceden los eventos es tan alta que uno siente vértigo. En el sentido de que parece que aún no has terminado de vivir algo cuando lo siguiente ya está dando golpes a la puerta para entrar y llenar tu vida de algo.

Pues eso, que el otoño ya ha entrado o está a punto de entrar (nunca he tenido muy claro si es el 21 o el 23 pero una consulta rápida a Wikipedia me aclara que es pasado mañana) y con él unas cuantas cosas que afectan un poco al día a día.

Creo que me costaría bastante vivir en un lugar en el que no hay estaciones; o que sí las hay pero las diferencias meteorológicas son dificilmente apreciables. Me encanta tener distintas ropas para cada época del año, planear cosas distintas en el tiempo de ocio, volcarte más hacia la calle o hacia las casas… Me encanta sacar relaciones entre la carrera que estudio y lo que vivo fuera de ella; y el espectro de la vida tiene unas deltas en 1/24h, 1/7d y 1/365d… A este último es al que me refiero, y ahora la onda a esa frecuencia está con la derivada primera lo más negativa posible.

Osea, que esta es la época en la que día a día más se nota que el tiempo está cambiando, que llegan aires del norte y que cada vez son más necesarias más capas de ropa encima de nuestra piel.

Aires acondicionados
20/09
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Cada año se hace un uso más brutal y sin sentido del aire acondicionado, lo que eleva el consumo energético y las emisiones negativas para el medio ambiente. Ahora que el verano ya está acabando quiero hacer una pequeña reflexión.

¿Qué nos pasa en el Primer Mundo? Queremos tener más frío en verano que en invierno y viceversa. Los autobuses de casi todas las ciudades españolas (al menos las que he visitado este verano) tienen dentro una temperatura que roza los 15 grados. ¿Es esto lógico? En mi opinión no.

Aunque es peor que en organismos públicos se hagan estas cosas tampoco salimos bien parados los demás (sí sí, la iniciativa privada que la llaman). Al igual que mucha gente en invierno tiene la calefacción a tope mientras tiene las ventanas abiertas, en verano el tener el aire a tope (sin termostato, siempre frío, ala) mientras tienes las ventanas o abiertas o sin bajar ni un poquito la persiana/estor es algo muy común.

Lo del metro de Barcelona ya es de escándalo sanitario. ¿Por qué en los andenes, más o menos, hace 30 grados y en los vagones 18? El catarro que produce el hacer algún trasbordo es para ir al Ayuntamiento y liarse a pañuelazos bien mojados de mucosidades.

Admiro iniciativas como la de Japón: el ir todos a trabajar sin chaqueta para poder reducir el gasto energético del aire acondicionado. Lo acojonante es que lo dice el Presidente del Gobierno y todo el mundo le hace caso. Aquí si el Gobierno propone algo, sólo con tal de llevar la contraria, nadie haría ni puñetero caso, fuera algo interesante o no. Creo que el aire acondicionado se debería sólo utilizar para refrescar un poco y un rato el ambiente en caso de que la temperatura de la casa ya haya llegado a cotas incómodas pero, por favor, un poco de lógica con la temperatura.

Vale, que saldrán muchos con lo de “la electricidad la pago yo y con ella hago lo que quiera”, pues muy bien machote, ojalá se te congelen aun más las ideas.

 

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